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jueves, 8 de mayo de 2014
Siembra tu propio jardín.
Después de un tiempo aprendes la sutil diferencia entre sostener una mano y encadenar un alma.
Y aprendes que amar no significa apoyarte y compañía no significa seguridad,
Y empiezas a aprender que los besos no son contratos y que los obsequios no son promesas,
Y comienzas a aceptar tus derrotas con la cabeza en alto y los ojos abiertos, con la gracia de un adulto, no con el pesar de un niño,
Y aprendes a construir todos tus senderos en el ahora porque el terreno del mañana es demasiado incierto para hacer planes.
Después de un tiempo aprendes que hasta el sol quema si recibes demasiado.
Así que siembra tu propio jardín y decora tu propia alma en lugar de esperar a que alguien te traiga flores.
Y aprendes que en verdad puedes resistir . . .
Que en verdad eres fuerte,
Y que en verdad vales.
La ciudad del amor.
Cuando se dice de París, se dice de Amor. Si se quiere enamorar a alguien imposible, se satla con la respuesta “París”.
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jueves, 10 de abril de 2014
Las relaciones, de cualquier tipo, son como arena en la mano. Si la
sostienes suelta, con la mano abierta, la arena se queda donde está. En
el instante en que cierras la mano y la comprimes para retenerla, la
arena se te desliza entre los dedos. Tal vez conserves un poco, pero la
mayor parte se te escurrirá. Una relación es algo similar. Si la dejas
suelta, confiriendo respeto y libertad a la otra persona, lo más
probable es que se mantenga intacta. Pero si la atrapas demasiado, si
eres demasiado posesivo, la relación se escabulle y se pierde.
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