jueves, 10 de abril de 2014

Las relaciones, de cualquier tipo, son como arena en la mano. Si la sostienes suelta, con la mano abierta, la arena se queda donde está. En el instante en que cierras la mano y la comprimes para retenerla, la arena se te desliza entre los dedos. Tal vez conserves un poco, pero la mayor parte se te escurrirá. Una relación es algo similar. Si la dejas suelta, confiriendo respeto y libertad a la otra persona, lo más probable es que se mantenga intacta. Pero si la atrapas demasiado, si eres demasiado posesivo, la relación se escabulle y se pierde.